Estaba por salir de la Universidad, para entonces ya trabajaba en una empresa importante, hasta ese momento consideraba que no era apegado a las cosas.

Sin embargo, no estaba feliz en el lugar que trabajaba, no era cuestión de dinero, ni cuestión de un mal entorno laboral, tampoco era la falta de oportunidades de crecimiento, de trabajar durante 5 años con empeño podría ascender a un puesto de mando medio y de continuar otros 10-12 años podría haber ocupado un puesto directivo.

Era una “carrera prometedora”.

Era cuestión de no hacer lo que me gusta, pero no podía dejarlo ¿Por qué? Porque, “qué iba a hacer sin ese trabajo” un camino seguro para mi vida, o al menos ese era el pretexto que me detenía a no renunciar.

¿Había tenido esa misma sensación antes? ¿En qué aspectos de mi vida?

Recordé que sí, me había pasado algo similar con mis amigos, no había dejado atrás a algunos de ellos, y el razonamiento era el mismo, ¿Qué iba a hacer sin ellos? ¿Existiría alguien más con quién compartiera mis gustos? Y si me alejaba de ellos, ¿Existiría algún grupo en el que pudiese ser aceptado?

En ese momento descubrí que mi temor estaba fundado en la escasez, sí, ese miedo que al que no prestamos mucha atención.

Comprendí que lo mismo nos sucede en distintos aspectos de nuestra vida, ¿Qué voy a hacer si termino con mi novia? ¿Habrá alguien más que quiera estar conmigo?, ¿Qué pasará si me alejó de “x” persona que no aporta valor a mi vida?

Veamos algunos casos:

“Tengo buenos amigos, aunque a veces cedo a cosas que no me gustan hacer, sólo por encajar. Debo aceptar también que los acompaño a lugares que no me gustan, para no ser excluido.

Pensándolo bien, no tienen los mismos principios que yo, pero si me alejo de ellos, ¿Habrá alguien más con quién pueda realizar las cosas que me gustan? Y ¿si me quedo solo?”

“Me gusta mi trabajo, aunque lo admito, muchas veces debo quedarme más allá de la hora que establece mi horario, o siento que mi salario no va acorde de mi desempeño, no consideran las ideas que propongo, pero no importa algún día se dará cuenta mi jefe y me tratará mejor.

Realmente me gustaría otro trabajo, pero si renunció ¿encontraré un trabajo mejor? Tal vez no encuentre empleo”.

“Soy feliz con mi novia, tiene comportamientos que dije no toleraría, pero qué más da. No importa que ella fume, no respeta mi espacio personal, y no me respeta. Ahora que lo pienso no es lo que quiero para mí, pero si termino con ella, ¿Habrá alguien que quiera estar conmigo?”

Recuerda aquella ocasión en qué tuviste que ceder con algún cliente, en reducción de precio, o en aumento de carga de trabajo, o incluso soportar mal comportamiento y trato, “¿Qué voy a hacer sin este cliente?”

¿Te identificas con alguno de esos ejemplos?

En los anteriores casos es la mentalidad de escasez la que nos detiene.

El mensaje que transmites en tus relaciones es el mismo: “Puedes tratarme como desees, pero no te vayas” o “toleraré lo que sea por mantener este trabajo”.

Todo esto a cambio de mantener esas relaciones.

Dejando fuera el drama, las relaciones son así, eliges y mantienes las que te aporten valor (es importante que tú aportes valor a la vida de las personas de las que te gustaría rodearte), y no es nada personal, es por ello por lo que es sano que tú revises tus relaciones.

¿Vives actuando siempre en modo escasez? ¿Realmente vale la pena conservar a ese cliente/amigo/socio/trabajo que absorben más valor a tu vida del que te aportan?

Imagina que tienes un universo de oportunidades y posibilidades de iniciar relaciones equitativas,

¿Mantendrías tus relaciones actuales?

GENERA OPORTUNIDADES

La escasez es el miedo que te domina, es el miedo que te detiene.

Las oportunidades un antídoto para combatir el miedo.

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